Me llamo Paula, soy psicóloga bilingüe y alguien que, como todos, ha tenido que aprender a relacionarse con lo que le sucede de manera más amorosa.

Mi camino de autoconocimiento comenzó tras una crisis profunda al salir del colegio. Me enfrenté a la gran pregunta de qué estudiar y qué hacer con mi vida, y caí en una depresión intensa. Al mismo tiempo, me diagnosticaron hipotiroidismo, con la indicación de que era genético y de por vida. Afortunadamente, gracias a una psicóloga integral, entendí que vivía una crisis existencial, y eso marcó el inicio de mi búsqueda de propósito y sentido.

En 2020 descubrí el Diseño Humano, y por primera vez me sentí comprendida. Como Proyectora, entendí que mi manera de funcionar es distinta a la de la mayoría. Empecé a darme permiso para descansar, reconocí mi rol como guía y decidí cambiarme de Ingeniería Comercial a Psicología. También dejé los anticonceptivos para reconectar con mi naturaleza femenina y cíclica.

Durante este proceso enfrenté desafíos importantes con mi salud: tomaba medicación diaria para la tiroides, pasé años sin menstruar, tuve acné generalizado, sufrí atracones y vivía atrapada en dietas y ejercicio excesivo. Con el tiempo, aprendí a decodificar mis síntomas: los atracones reflejaban vacío emocional, el acné mostraba miedo a madurar y ser imperfecta, el hipotiroidismo hablaba de auto-sabotaje y el ovario poliquístico señalaba bloqueos en la conexión con lo femenino, la fertilidad y la creatividad. Cada síntoma dejó de ser un enemigo y se convirtió en un maestro.

El Diseño Humano y la psicología budista me enseñaron a relacionarme con mi sufrimiento desde la aceptación y la compasión. Integré prácticas suaves como yoga, meditación, caminatas y regulación del sistema nervioso. Aprendí a sentir mis emociones, escuchar mi cuerpo y confiar nuevamente en mí misma.

Con paciencia y cuidado, los cambios llegaron: mi acné desapareció, mi tiroides se recuperó y pude dejar la medicación, y mi ciclo menstrual volvió a la normalidad. Hoy comprendo que mi cuerpo nunca estuvo en mi contra, sino que siempre me mostró el camino hacia la verdad. Aprendí a abrir el corazón no solo a lo agradable, sino también a lo incómodo y doloroso, porque al rechazar lo “malo” también cerramos la puerta a lo bueno.

Hoy acompaño a otras personas que quieren escuchar su cuerpo, transformar el malestar en un mensaje y recuperar la confianza en sí mismas. Sé que todo tiene su tiempo, todo cambia y todo llega. Para mí, la experiencia humana es como una casa de huéspedes: cada vivencia, agradable o desafiante, cumple un propósito dentro de la totalidad de nuestras vidas.

Cariño Paula